12 de marzo de 2011

Recordando en un día de pijama




Hoy es uno de esos días que no te despegas del pijama ni del sofá. Acabas cogiendo uno de esos libros abandonado de tu estantería, compañero del polvo, compañero tuyo en este día.
Es ese típico libro que cuando una chica acaba de leérselo piensa: "Ais! Quiero un Step en mi vida" o "Ojalá fuera como Babi". Bien, parece ser que yo no estoy en ese alto porcentaje.
Mientras, estás comiendo helado y tumbada en el sofá. Estás sola en casa.
Cuanto tiempo hacía que deseaba estar así y es cuando te dices a ti misma...no voy a pensar en nada. ¿Pero que pasa? No puedes. De repente empiezan a venirte recuerdos y momentos increíbles que pasaste al lado de personas que forman tu vida.
Te viene a la cabeza las tardes de piscina cuidando a tus primos, mojándote, abrazándote, inventándote historias para ellos y ver como las oyen atentamente y piensas... Cuanto los echo de menos.
Siguen los recuerdos en tu cabeza... y de repente, la imagen de una pista de atletismo. Las vueltas que habré dado sobre ella.
Más...ella. ¿Que estará haciendo en este momento? Si, lo sé... frunjiendo con su novio El Sevillano. Cuantos momentos que he pasado junto a mi mejor amiga. En Cuenca, en Burriana, Andorra, Rialp, Zaragoza, Granada, Tenerife, Madrid, Lleida, La Rioja, Valencia, Teruel... casi que me he recorrido la península a su lado. Y los sitios que nos quedan por ver... juntas.
También pienso en alguien que fue la persona más importante de mi vida durante un año... o no? Muchas veces lo he pensado y creo que lo pienso. Nunca lo ha sido. He pasado buenos momentos con él, he vivido nuevas experiencias, he aprendido... pero no. Siempre ha habido alguien por encima de él.
Y hablando de amores... otra persona me ha venido a la cabeza. Él. El que me hizo soñar durante un mes. El que me enamoró en un mes. El primer beso que nos dimos sabía a alcohol, humo, lágrimas, cansancio... pero ha sido el mejor beso que he probado nunca. Aquel escondite que había entre el Pinar... dónde no dejabas de sonreírme y yo, ilusa, te devolvía la sonrisa. Aquella noche tan mágica. Un coche amarillo que nos llevaba sin rumbo. Tú, yo, la luna. Nuestra respiración, el vaho en los cristales de tu coche... No me olvido de Zaragoza, aquellas dos noches que pasamos juntos. Bailando entre miles de personas, miles de movimientos... pero para mí solo existía una en aquel recinto. Tú. Todo era tan perfecto... 102 sms acumulados en mi móvil, tropecientas mil horas hablando... me prometiste la Luna. Hasta que llegó aquel horrible día en que me arrancaste la ilusión, y el corazón. Nunca antes me había sentido así. Tarde mucho en superarlo y ahora... mi herida esta a medio coser, pero lo he superado. Aunque... aunque. Mejor no decirlo.
Son tantos recuerdos, tantos momentos...
Como no, todos mis grandes momentos han sido con otra persona. ÉL. ÉL en mayúsculas. Mi tripa fofa, mi ardilla, mi mejor amigo, mi razón de todo.
Todas las veces que me acuerdo haber estado contigo las recuerdo felices, porque tú nunca me has fallado, nunca me has arrancado la ilusión ni las ganas de ser feliz. Siempre has hecho que me sienta bien. Y no sé como agradecertelo. Soy tan egoísta... ojalá sólo fueras mío y te pudiera tener siempre, ojalá que nunca te separes de mi porque yo ya no podría seguir mi camino, nuestro camino.

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