Los nervios recorrían mi cuerpo ya que había quedado con el chico que perseguía desde hace unas semanas. Y... allí estabas tú. Alto, delgado, guapo. Un beso en cada mejilla y una preciosa sonrisa.
No sabíamos que hacer, éramos dos desconocidos. Acto seguido nos sentamos en un banquito de Borrull, a partir de ése día, nuestro banquito.
Palabras, palabras y más palabras. De repente, un silencio. Y... me besaste.
Algo increíble me recorría todo el cuerpo, nuestros labios formando uno, tus manos rozando las mías. Un guiño de complicidad. Aquel día en el que todo era perfecto y, más tarde, siguió creciendo.
Una larga y bonita historia que siempre se va a quedar en nuestro recuerdo.
Momentos a tu lado que nunca serán igual al lado de quien sea, porque tu me has enseñado mucho, hemos aprendido juntos, me has ayudado siempre y me has demostrado mucho más que muchos.
Me has hecho reír en los momentos más difíciles, te has convertido en niño mientras te maquillaba la cara, hemos visto las puestas de sol más bonitas de Benicàssim, has hecho de enfermero cuando estaba tan mala, me has apoyado en cada decisión, has soportado mis enfados inútiles y mis ganas de llorar, también has aguantado mis lloros.
Has creado una historia muy bonita de la que, pase lo que pase, siempre va a estar ahí al igual que tú.
Porque hace tiempo que cambiaron las cosas, y aunque ésto ya no sea igual, y aunque me odies algún día, aunque no quieras saber nada de mi... yo sé que siempre vas a estar ahí y que nunca te voy a olvidar.
22:30h. 16 de enero de 2009.
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